viernes, 3 de julio de 2020

LIDIANDO CON EL DUELO

Perder a alguien cercano nunca es fácil, de hecho así como el COVID nos afecta a todos de diferente forma y manera.  

En mi caso, y muy seguro que como a todos, los primeros días fueron bastante duros. La ausencia de mi padre era palpable, se podía sentir en toda la casa y durante el día. 
Me la pasé pensando y sobre pensando las últimas palabras que me dijo, las últimas llamadas, las últimas fotos, cosas que pude haber dicho o hecho para estar más tiempo con él o qué se hubiera necesitado para tener un resultado diferente. Uno puede entrar en un loop de ideas, pensamientos, que al final no ayudan, ni suman en nada; lo único que logré fue atormentarme, dormir mal, estresarme; pero no pensar en todo eso era imposible. No aceptaba el hecho que mi papá nos había dejado y entré en un periodo de ira, renegaba de la vida, el hospital, el COVID, cómo llegó aquí, y etc. etc. No me percaté al inicio pero todo esto no lo estaba pasando sólo, de hecho mi mamá y  mis hermanos estaban pasando por lo mismo, cada uno tratando de lidiar con la ausencia de mi padre a su manera. 

La depresión y la aceptación, a mi parecer es la más dura de las fases del duelo. Creo que nunca dejaré de extrañar a mi papá, sigo esperando oír sus pasos en las mañanas muy temprano, que me pida arreglar el TV cuando presiona un botón equivocado, que reniegue cada vez que Alianza pierde un partido, que me llame a preguntar si sigo en el trabajo y si todo está bien. 

Esta es mi manera de lidiar con todo esto, escribir, contar un poco la historia. Contarles que no la pasé bien, que es duro, pero estancarse en la depresión tampoco es la solución. No habrá palabras, ni acciones que que me lo devuelvan, lo que sí hay es formas y maneras de recordar a mi papá, ya no con pena, sí con nostalgia, y con mucho orgullo. Mi padre me enseñó a ser justo, valorar el esfuerzo y luchar por lo que uno quiere; y pasaré lo que me queda de vida haciendo todo para que se sienta orgulloso.

El duelo es ... es como la enfermedad que se lo llevó, nos afecta a todos en distintas formas, maneras y en distinta intensidad. Y la verdad es que no hay una regla que nos diga hasta cuándo sentirnos mal, no hay una regla que nos diga cómo llevar el duelo. Creo que cada uno se debe tomar el tiempo para centrarse y descubrir el nuevo modo de llevar las cosas, cómo llenar la ausencia, cómo aportar para llenar la ausencia en otros. Busquen maneras de reinventarse, hagan ejercicio, trabajen, coman sano. 

El mejor consejo que les puedo dar, desde mi modo de historias, es que la persona que se ha ido no querría vernos mal sino todo lo contrario, y la mejor forma de honrar ése cariño es hacer lo mejor que uno puede hacer por ellos, por los que se fueron, por los que siguen y por aquellos que están por llegar.


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